Hoy posiblemente no vaya a hablar de música, aunque me haya puesto a una de mis musas a los cascos y una de sus canciones mas bonitas, Ella... Ella Fitzgerald... con su canción de The Man I Love.
http://www.youtube.com/watch?v=ySszeu4H4QI&feature=related
Incluso es la canción perfecta para empezar la entrada del texto, mientras me acabo el café y recuerdo las horas anteriores, en las que se me ha llenado el pecho de ternura y tristeza.
Esta tarde noche, mientras esperaba en la cola del Kentucky Fried Pollo, a pillar por sorpresa una bolsa de comida basuraca, pero joder que rico el pollo crujiente, he recibido la típica llamada inesperada y siempre mal recibida de un problema de salud en alguien muy cercano. Total, que a punto de pedir tras 15 minutos de escuchar una conversión en chino entre tres adolescentes chinos a los cuales, estaba empezando a entender con bastante facilidad, tengo que salir a la llamada de ayuda.
Panorama de llegada, feo, bastante feo para lo que me detallaba una de las partes implicadas en lo que sera la trama.
Ahí estaba, en la cama, llorando desconsoladamente, blanca y nerviosa. Había perdido toda la templanza que le caracteriza, todo el orgullo altivo que posee y que siempre me ha demostrado. Había perdido, simplemente.
Y la abrace, como nunca antes la había hecho, válgame el cielo! A la mujer de hielo!! Aunque la quiero con locura, cierto, nunca nos habíamos abrazado. Y yo soy hombre de abrazos eh? Mas de una vez me he planteado ponerme con un cartel de abrazos gratis, no es coña.
Pero a ella? Jamas, en todo este tiempo que la conozco, unos besos efímeros en fechas señaladas, mas por la necesidad de quedar bien, que por simple y llana necesidad.
Se me tiro a los brazos en busca de calor, simplemente calor. Nada mas. Y la senté en la cama, le di de beber un sorbito de agua entre sus lágrimas y temblores y me dedique a hacerla respirar, a tranquilizarla en ese momento.
Que difícil es, mantener en ese tiempo que dura tu apoyo hasta que llega la jodida ambulancia -mas de media hora los cabrones para llegar...-, la cordura de ver a alguien totalmente ido de su sitio. Que difícil es mantenerse firme y con voz pausada, sin que denote tu angustia, tu preocupación, mientras haces gestos por la espalda al que te mira desde la puerta con cara de no entender nada, para que se diera media vuelta y saliera de la habitación.
Pero que fácil, es dar un abrazo a alguien que lo necesita mas que al aire que respira. Que fácil te salen todas las palabras que nunca dijiste, que nunca esperabas decir. Que sencillo es y tan difícil de conseguir para ella.
Igual que una niña asustada, totalmente indefensa, pasando por su cabeza imágenes distorsionadas de lo que sucedía, palabras de angustia, miedo, sobretodo miedo. A estar totalmente sola, a no haber hecho nada en esta vida más que fregar los platos y no recibir ni las gracias.
Una niña que se me deshizo en cuanto la agarre fuerte, la apreté, la besé en la mejilla y le acaricié el pelo. Entonces el llanto paso de la angustia, a la mas profunda tristeza. Un llanto tan vació, tan falto, tan triste, que en ese momento me crecí y tuve que sacar toda la ternura que hoy no tenia -día malo, malísimo también-, para dársela por completo.
Ternura, todas las palabras que no te dije, te las dije hoy, sin mas. Sin preocuparme que te sintieras ofendida, como las veces que te daba dos besos en Navidades. Ternura... todo aquello que tenia que abrazarte por todo lo que me diste, sin pedirte, te lo abrace. Ternura, de verte tan pequeñita, cuando siempre fuiste enorme. Ternura de poder ser yo, en ese momento, lo mas importante que tenias, cuando hacia media hora lo habias perdido todo en tu cabeza.
Y nos pasamos así un rato, tu calmándote. Yo haciéndote recordar nombres y que día era hoy. Mientras el de mas allá, miraba con parsimonia, un simple resfriado es...
40 años de resfriado, 40 años siendo la mujer mas sola que he conocido jamas. Con tus hijas ya crecidas, divididas entre si. 40 años de salir algún sábado al bingo, sin salir ningún año de viaje a placer. Mas que para visitar a la familia y gracias.
40 años de soledad, acompañada de las mañanas con tu radio, tus recetas de cocina, tus guisos, planchar las corbatas, tener la casa mas limpia que he visto jamás de los jamases.
40 años levantándote antes que el, para prepararle el desayuno, para recordarle no olvidarse el cinturón del pantalón u otra vez tendría que atárselos con celofán en la oficina.
Tantos y tantos años sola. Sin querer, porque nunca quisiste, pero sin recibir, porque tampoco te dieron.
Y hoy, toda esa soledad te hizo explotar en un mar de lágrimas, hizo que tu cabeza retrocediera al punto de partida y antes de tirarte en la cama, ahogada en tus gritos de angustia, vagaste por la casa sin recordar donde estabas.
Hoy te ví explotar por tanta soledad, te ví llorar como aquel único día, en el que tu nieto estaba en la unidad de cuidados intensivos, lleno de tubos y completamente sedado. Te ví empequeñecer y pude sentirte tanto que me llenaste de ternura.
Y mas tarde, cuando llegaron los de la ambulancia, cuando ya te había calmado con toda mi delicadeza y empezabas a recordar, me miraste, pero no friamente como siempre, si no con una mirada de suplica, de ruego, "por favor cuídala siempre, haga lo que haga y todo lo que haya hecho, hazlo por mí."
Los de la ambulancia rompieron toda la magia que llenó esa habitación durante un rato, mientras te abrazaba. Y bueno, tampoco es que me importara demasiado, en tu estado era lo mejor, pero me hubiera quedado un rato más abrazándote, a mi me falta lo que eres tu y un poco me has suplido lo mio hoy.
Cuando salias de la puerta de urgencias una vez recuperada, volvías a ser tú, con tu orgullo e indignación de estar en bata de estar por casa por urgencias!!
Os llevé en coche a casa, te bajaste del coche, te fuí a dar un abrazo y fue tan frió, que casi me apartaste, beso de navidad...
Y ahora, después de relajarme, después de estar haciendo cálculos de espacio casero imprevisto por si las moscas, manipulaciones de viajes y demás a fin de poder estar preparados para una llegada inesperada a casa, yo, víctima de una separación, es cuando vuelvo a darle al play para escuchar a Ella, para oír pedirle que el hombre que quiere, es fuerte y alto, que la mira y la sonríe, que la hace feliz.
Y ahora es cuando lloro yo, de ternura y tristeza, de ver como es tan jodida la soledad, tan y tan jodida, que te hace perder la cabeza y te convierte en un niño, gritándole a mundo que te abracen.
Espero no haberme pasado de contexto, pero siempre, la música tiene que tener algo de protagonismo por aquí, así que para ti, para la que ha sido hoy mi niña, te dedico a Ella, que te canta para ti, para que mañana, te levantes de la resaca de Diazepan y te decidas a ser libre y feliz de una vez. Ánimo, yo estoy aquí mas que nunca. No podrá contigo eso que tienes en la cabeza...
Buenas noches.
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